Entre el maltrato y el abandono.
“Un adulto mayor en casa es una joya, una reliquia para cuidarla y
protegerla, pero lastimosamente aquí en la jefatura del adulto mayor hay muchas
denuncias que son maltratados por sus propios hijos y tratamos siempre de
reflexionarlos que no debe ser así” Blanca Rollano, responsable de la Jefatura
del Adulto Mayor del Municipio de Quillacollo.
Los adultos mayores tienen muchas necesidades, sobre todo
el buen trato, la presencia de violencia constante en su entorno hace que las
quejas y demandas sean justamente la exigibilidad de las garantías
constitucionales establecidas en la Constitución Política del Estado, Filomena
Vargas, es la presidente de la Asociación de Adultos Mayores de Quillacollo,
ella indica “nosotros del directorio vamos constantemente averiguar cómo están
nuestros afiliados, si están enfermos, a veces necesitan colaboración para sus
medicamentos, otros necesitan oxígeno para respirar, algunas veces hasta
hacemos cuota para ayudarles a los enfermos, a muchos de ellos los abandonan y
están solos”.
En el municipio de Quillacollo, desde el año 2005 tiene
vigencia la Asociación de Adultos Mayores, en la actualidad cerca de 130
asociados, hombres y mujeres forman parte de la organización. Las diferentes
actividades desarrolladas a lo largo del año como; talleres educativos,
sesiones de fisioterapia, capacitaciones, concursos, talleres de manualidades,
juegos de antaño, festivales de danza y canto, son las características del plan
de intervención apoyado por la Jefatura del Adulto Mayor de ese municipio.
Pero a diario, la vulneración de derechos de las personas
adultas mayores se visibiliza como normal, porque existe un rechazo y
dificultad para sumir la vejez y el envejecimiento como una etapa de la vida,
percibiéndola como una problemática propia de las personas adultas mayores y no
como una responsabilidad de la sociedad en su conjunto.
En la actualidad el Estado y la sociedad no ha
desarrollado una cultura sobre la vejez y envejecimiento, el sistema educativo,
escuelas normales, servidores públicos, academias y universidades, no
consideran la temática en su currículo de enseñanza, en muy pocos casos, sólo
se aborda el ámbito normativo. “A la sociedad no les importa los adultos
mayores, ellos están jóvenes y tiene sus necesidades, fuerza capacidad, talvez
hasta la inteligencia, como sociedad nunca se acercan a preguntar qué es lo que
necesitan los adultos mayores” indica Filomena Vargas.
Los problemas de exclusión social, maltrato, falta de
acceso a la documentación y deficiencias en los servicios de salud, afectan
principalmente a las mujeres y personas adultas mayores que viven en el área
rural y otras que son migrantes de diferentes lugares del país, especialmente
de Potosí, Oruro y La Paz, que años atrás eligieron el municipio de Quillacollo
como el segundo hogar.
La construcción de una cultura de respeto y dignificación es muy
importante, la mirada positiva hacia las personas adultas mayores por todo el
trabajo desarrollado a lo largo de su vida, y colocar en la agenda pública la
temática que contribuye a una sociedad más justa, participativa, inclusiva y
equitativa donde aprendamos desde la familia, la sociedad y el Estado a
percibir la vejez como un proceso positivo y parte del ciclo de la vida. Blanca
Rollano, responsable de la Jefatura del Adulto Mayor del Municipio de
Quillacollo indica “Nos falta todavía concientizarnos mucho, nuestra sociedad
cada día está perdiendo valores, no aceptan, no quieren ver que son niños
grandes, son personas tan vulnerables que necesitan más atención de nosotros”
MIGRACIÓN DE ADULTOS MAYORES
Muchos pueblos en su lógica de reproducción, se trasladaban de una zona a
otra, los rasgos culturales que se fueron modificando con la incursión cada vez
más intensiva del capital a través del trabajo de la tierra, una segunda fue el
empobrecimiento de las regiones rurales dispersas en el caso del área rural,
pero otras causas que provocó la migración fue también el cierre de las minas
en los ochenta. Una tercera causa que se identifica en el municipio de
Quillacollo, es el proceso de jubilación que fueron tomando muchos adultos
mayores, hombres y mujeres.
El comportamiento de las y los adultos mayores responde también a las
principales corrientes migratorias del país. Por un lado, las internas hacia
ciudades capitales que operan como los denominados centros de atracción, y las
internacionales hacia países que ofrecen mejores ingresos.
Si bien la migración boliviana se caracteriza por ser principalmente joven,
el rol que desempeñan las y los adultos mayores es importante y en algunos
casos determinante para quienes emigran de su lugar de origen.
Respecto a la migración interna, un estudio realizado por la Defensoría del
Pueblo y otra información escasa sobre el tema, arroja importantes aportes
sobre la situación de las y los adultos mayores. Las zonas más expulsoras son
fundamentalmente las de asentamiento de naciones y pueblos indígena originario
campesinos cuyos índices de desarrollo humano se hallan en el umbral de extrema
pobreza. Aquí se puede identificar al llamado “Norte de Potosí” como la zona
más expulsora pero también se encuentran migraciones procedentes de Cochabamba,
La Paz, Oruro, Chuquisaca, entre otros.
En el lugar de destino, la asignación de roles y responsabilidades responde
a la necesidad de reproducción familiar–comunal donde la gente adolescente y
joven es asignada a generar ingresos a través de la pequeña venta de productos;
en tanto lo que se les asigna cumplir a los adultos mayores, niños, niñas y
personas con discapacidad, es la mendicidad, como forma de generación de
ingresos.
De cualquier manera, las mujeres jóvenes y adultas mayores, continúan
haciéndose cargo del rol reproductivo que también en su lugar de origen
cumplían. En esto hay diferencia con el adulto mayor debido a que la cultura
también ha legitimado la asignación de roles por género, en detrimento de las
mujeres sin importar su edad. Las mujeres son más fuertes, pero también son las
más lastimadas, son expuestas al maltrato en la misma familia, la poca
paciencia que puede tener su entorno familiar, indica Blanca Rollano.
Para el ejercicio de sus derechos civiles de los adultos mayores, fue la
carencia de documentos de nacimiento, sobre todo en mujeres. Algunos Gobiernos
Autónomos han desplegado esfuerzos para carnetizar a las y los adultos mayores
con el fin de que puedan acceder al Bono Dignidad y el Seguro
Social Para el Adulto Mayor (SSPAM). Otro gran inconveniente de esta población
fue que, debido a la migración ningún municipio quería responsabilizarse del
pago de los beneficios contemplado en normas vigentes. A la fecha estos temas
han sido superados, pero para alcanzar la vigencia de estos derechos, tuvo que
pasar varios años durante los cuales la omisión de deberes públicos ha sido una
constante.
Con relación a la migración externa, los adultos mayores no emigran al
exterior para la generación de ingresos. Sin embargo, la migración de mucha
población joven no sería posible de no existir los y las “abuelas” porque son
quienes generalmente asumen la responsabilidad del cuidado de los nietos que se
quedan. Durante las dos últimas décadas Cochabamba fue la región del país,
donde más gente joven, especialmente mujeres, migraron especialmente a España,
Brasil y Argentina.
La responsabilidad de este rol se identifica con mayor claridad en el caso
de mujeres jefas de hogar que emigraron al exterior, dejando a sus hijos e
hijas en el país. Otro estudio realizado por la Defensoría del Pueblo sobre la
situación de bolivianas y bolivianos en la Comunidad de Madrid, revela que las
mujeres migrantes bolivianas constituyen más del 60% de la población emigrante
del país.
EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO EN LA
REGIÓN
En América Latina y El Caribe, se experimenta un acelerado proceso de
envejecimiento de su población. En todos los países, el número absoluto de
personas de 60 años y más se incrementará sostenidamente en los próximos
decenios, y la proporción de personas adultas mayores dentro de la población
total prácticamente se cuadriplicará hasta el año 2050.
Según la CEPAL, hasta mediados del presente siglo el país más envejecido de
América Latina será Cuba, con una población adulta mayor cercana al 40%. Le
seguirán Chile (28,7%), Uruguay (27,4%), México (27,3%), Costa Rica (26,5%),
Brasil (25,2%), Argentina (24,8%) y Colombia (24,6%). Estos ocho países
reunirán un total de aproximadamente 140 millones de personas mayores, que
representarán el 77% del total de la población adulta mayor latinoamericana.
Estos datos muestran que el envejecimiento de la población será el fenómeno
demográfico más importante del siglo XXI en varios países, y que se irá
extendiendo progresivamente hacia el resto de la región, debido a que las tasas
de crecimiento de la población adulta mayor son elevadas y continuarán en
ascenso (CEPAL/CELADE, 2008).
A diferencia de los países
desarrollados, en la región el envejecimiento ocurre en un contexto desigual en
el acceso a la protección social, una débil institucionalidad social (con una
fuerte orientación subsidiaria), ausencia de políticas públicas enfocadas en la
nueva realidad demográfica y una institución familiar con apoyo insuficiente
para cumplir con las funciones de seguridad y protección a las personas adultas
mayores.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), los adultos mayores
bolivianos pasarán a representar el 8,1% del total de la población el 2012, a
9,5% para el 2020 y a 11,5% el 2030, tendencia que refleja el inicio del
proceso de envejecimiento de la población en Bolivia.
Actualmente la edad media en el país está alrededor de 27 años, sin
embrago, la pirámide poblacional sigue la tendencia a reducir su base, mientras
que continúa el crecimiento tanto en el centro como en la parte alta, situación
que refleja el incremento de las personas de la tercera edad. Esta
transformación de la pirámide poblacional se manifiesta también en la esperanza
de vida promedio actual que llega a 72,5 años: 69,1 para hombres y 79,9 años
para mujeres. Para el 2020 la esperanza de vida para los hombres subirá a 70,5
años y 77,5 años para las mujeres.
Para junio del 2017, la población de 60 años alcanza aproximadamente a
996,415 habitantes. En el área urbana existen 288.690 hombres y 336,938
mujeres, en tanto que en el área rural se encuentran 182,573 hombres y 188,214
mujeres según el INE en su informe de situación poblacional de adultos mayores
del 2017.
Cada vez más se produce el fenómeno de la migración, especialmente
campo-ciudad porque las parejas jóvenes se trasladan a las ciudades o a otros
países en busca de fuentes de empleo, por lo que generalmente los abuelos
(padres sustitutos) se quedan a cargo de los nietos hasta que la situación
económica de sus padres se estabilice.
El abuelo se dedica a trabajos agrícolas
para sostener a la familia y la abuela se dedica a la crianza de los y las
nietas. Generalmente los abuelos mueren antes y las abuelas se quedan a cargo
de los nietos. En algunos casos, son trasladadas a las ciudades por sus hijos.
Por esto la mayor cantidad de inmigrantes de edad avanzada en las ciudades son
mujeres. Este proceso de migración implica muchos problemas económicos,
sociales, culturales y psicológicos.
Avances muy significativos para las personas adultas mayores
se dieron en los últimos años, el más importante en reconocimiento en la
Constitución Política del Estado, el Plan Nacional del Adulto Mayor, la Ley
1886 Derechos y privilegios, la Ley 3323 Seguro de Salud, Renta dignidad, y el
DS N°0254 Día de la dignidad de la Persona Adulta Mayor, que se recuerda cada
26 de agosto. Sin embargo, pese a estos avances se detectan serios problemas en
su implementación, como la falta de información y de difusión para la
aplicación de todas éstas normativas, casos de discriminación constante y sobre
resistencia en su aplicación.


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