ESPERANDO UNA
OPORTUNIDAD DE TRABAJO
Cerca de 120 afiliados
del Sindicato de Trabajadores en Construcción Lanza, esperan cada día una
oportunidad para conseguir un trabajo jornal o contrato de alguna obra; Entre
plomeros, eléctricos, pintores, albañiles u otra rama en construcción,
ofertando sus servicios a la población. Algunos cobran por jornal u obra
vendida, depende de la necesidad que se les presenta, no siempre ocurre, pero a
diario deben echar a la suerte esa oportunidad para generar un ingreso económico
para mantener sus familias.
Algunos de ellos
especialistas en yeso, cerámica, otros técnicos electricistas o plomeros, pero
la mayor cantidad de personas son mano de obra simple que se requiere en
construcción. Natalio Carlos Chura, Secretario Ejecutivo del Sindicato menciona
“Algunos tenemos suerte y logramos un contrato por un día o por la obra
vendida, pero muchas veces mis compañeros esperan todo el día, días enteros
hasta semanas y no logra nada. Cuando un compañero tiene suerte es clarito se
pierde días y a veces lleva a otros compañeros, es cuestión se suerte, pero en
los últimos meses está vacío no hay trabajo”.
A pesar que en nuestro
país existe normativa para contratar un trabajador, las empresas o contratistas
no respetan las normas laborales, menos aún las normas de seguridad. “La
seguridad es parte de cada uno, porque en realidad ninguno de ellos no brindan,
así sean empresas o personas particulares que requieren mano de obra, de eso
vivimos no hay fuentes de trabajo y para sobrevivir tiene que arriesgarse, es
un simple contrato verbal y el precio uno queda, pero a veces no cumplen”, asegura
Chura.
La Constitución
Política del Estado señala que, “toda persona tiene derecho al trabajo digno,
con seguridad industrial, higiene y salud ocupacional, sin discriminación, y
con remuneración o salario justo, equitativo y satisfactorio, que le asegure
para sí y su familia una existencia digna” (Art. 46 CPE). En la mayoría de los
casos las personas que buscan o consiguen una fuente de trabajo no se garantiza
el cumplimiento del mismo.
De acuerdo al Ministerio
de Trabajo, Empleo y Previsión Social, por nivel de instrucción, el 48,8 % de
las personas desempleadas tiene educación superior, mientras que el 39,2 %
presenta educación secundaria.
El 2015, el índice de
desempleo llegó a un mínimo histórico del 3%, mientras que el 2016, el
desempleo creció al 4,4%. Este fenómeno, según la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), puede generar un deterioro de la calidad
del trabajo, ya que incluso los trabajadores con formación universitaria pueden
verse obligados a aceptar trabajos por debajo de su formación.
A pesar que el
Ministerio de Trabajo Empleo y Previsión Social, tiene la tuición para el
cumplimiento de las políticas públicas relacionadas a la accesibilidad,
garantía y seguridad, en nuestra ciudad existen diferentes lugares, como el de
la calle Lanza y Aroma, donde a diario se genera un punto de concentración de
trabajadores esperando una oportunidad laboral, en la mayoría de los casos no
se cumple el simple contrato verbal, ya que muchos de ellos mencionan que
cumplen con el trabajo acordado pero los empleadores no les pagan de forma
adecuada, existiendo en la mayoría de los casos explotación y condiciones
inadecuadas o precarias para realizar su labor.
El subempleo en Bolivia
se manifiesta, principalmente, entre los jóvenes, las mujeres y nuevos
profesionales con alto nivel educativo y representa el 20% de la población en
edad de trabajar, de acuerdo a una encuesta realizada en el eje troncal del
país, el 65% del empleo generado pertenece al sector informal y el 35% al
empleo formal. De ello, el Estado sólo genera el 9,6% y el sector privado el
22%.según Bruno Rojas, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo
Laboral y Agrario (CEDLA).
“MUJERES” ENTRE LA
DESCOFIANZA Y EL RIESGO
En las calles 25 de
Mayo y Jordán la historia es la misma, muchas mujeres a primeras horas de la
mañana esperan a diario una oportunidad de trabajo. Lavanderas, cocineras o
simplemente mano de obra para cualquier trabajo, muchas de ellas jóvenes, las
que a veces tienen mejor suerte, pero también mujeres adultas que esperan una
jornada laboral para llevar a sus casas ingresos económicos.
Las características de
los empleos para estas mujeres son la precariedad laboral, bajos ingresos,
inestabilidad y falta de protección en el desarrollo de su labor; por tanto
podríamos afirmar que su oportunidad diaria de conseguir un empleo jornal es de
simple sobreviviencia y de un nivel alto de riesgo personal en el desarrollo de
la misma. Inés Felipez, trabajadora que a diario inicia su día esperando un
oportunidad laboral nos cuenta “No sabemos quién nos lleva, alguna vez salió
una compañera a trabajar y fue abusada sexualmente donde, siempre nos cuidamos
entre nosotras, pero no sabemos con qué intenciones otros nos llevan y no
sabemos dónde nos están llevando. A una compañera le llevaron por lado de
Tiquipaya y se ha perdido y nadie le busca no tenía familia, pero nos dijeron
que la mataron, tampoco queremos pasar por esas cosas”.
Años atrás, cuenta “a
una cholita le llevaron por la pampaquintalero, ahí le abusaron y la mataron,
un hombre la violó y todo su cuerpo en una bolsa de papa le había puesto, desde
eso hay miedo no es nomás ir con
cualquiera, no sabemos que nos puede pasar, las personas vienen nos llevan para
lavar ropa, planchar o limpiar sus casas, eso nos dicen, pero nos hacen hacer
de todo, ni un vaso de refresco nos invitan, pero no todos son así hay señoras
buenas también, hay que tener suerte cada día”, señala Inés.
Si bien las ofertas de
trabajo son diferentes para las mujeres, es importante reconocer que la
posibilidad de empleo es menor para una mujer que para un hombre, los ingresos
son más bajos y a esto se añaden que muchas de ellas esperan a diario
acompañadas de sus hijos, variable que afecta llegado el momento en la decisión
del empleador.
La edad generacional es
importante, las mujeres jóvenes tiene mayor posibilidad que las adultas, ni que
decir de una adulta mayor, que en realidad su posibilidad es menor. También
mujeres migrantes del campo, por la poca fluidez del castellano o simplemente
por su presencia o característica cultural de vestimenta son las menos
aventajadas frente a las otras.
La desconfianza por el
empleador es constante, la mayoría de los casos la oportunidad laboral es para
ayudar en la cocina, atender a los niños o realizar una limpieza, en otras el
lavado de ropa o planchado, lo que refiere el ingreso al interior del hogar.
Por algunas malas experiencia conocidas por los medios de comunicación se sabe
del hurto de joyas u otros bienes de la familia realizado por trabajadores del
hogar temporales o recién contratadas, por culpa de esos casos muchas veces son
estigmatizadas todas.
Se estima que cerca de
120 mil mujeres en Bolivia se dedican al trabajo asalariado del hogar, el 50
por ciento recibe menos de la mitad del salario mínimo nacional. Las
trabajadoras asalariadas cuentan desde hace 15 años con una ley que las
protege, las reconoce como trabajadoras
y establece un conjunto de compromisos que el Estado boliviano debe
cumplir para asegurar el ejercicio de sus derechos laborales, pero en el caso
de las mujeres jornaleras (lavanderas, cuidadoras de niños, planchadoras, etc.)
no existe ninguna relación u obligación por el empleador.
Carla Ponce de León, responsable de bienestar laboral de Trabajo
Digno, indica que la institución precisamente se dedica a fortalecer algunas
capacidades de acuerdo a su perfil laboral, hombres y mujeres son capacitados
sobre sus derechos y obligaciones, preparan a cada una de ellas y ellos para
sus entrevistas laborales de acuerdo a su dinámica familiar y necesidades reales
de empleo. En el caso de las mujeres muchas de ellas tienen sus hijos, en la
mayoría de los casos ellas están a cargo de su mantención, luego son derivadas
al área de emprendimiento para fortalecer su emprendimiento económico.
En el caso de las mujeres que se encuentran en las calle 25
de Mayo y Jordán “Es un sector bien informal, ellas buscan un trabajo a diario,
si lo encuentran es un ingreso para la mantención de sus familias, pero luego
se pierden otro tiempo por la característica de sus necesidades no les permiten
establecer ciertas reglas laborales, ellas buscan trabajos informales. Pero lo
que sí es evidente que todas ellas están expuestas a la explotación laboral,
ser agredidas verbalmente y físicamente”, señala Ponce de Peón.
Según el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza,
indica que el desempleo en Bolivia afecta a las mujeres; Seis de cada 10 no
encuentran trabajo, mientras que siete de cada 10 trabajan en cosas
vulnerables, salud, seguridad o salario justo, casi son las más frecuentes. La
mayoría de las mujeres bolivianas no tienen un empleo relativamente aceptable y
equitativo. Tres de cada 10 mujeres trabajan por cuenta propia, tiene un empleo
independiente y no son asalariadas. El 13 por ciento de las mujeres
trabajadoras son contratadas por una industria, como minería, explotación
canteras, construcción y servicios públicos.
El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario
(CEDLA), señala que durante la última década, la mayor concurrencia de mujeres
a la actividad económica y la discriminación en su acceso al empleo asalariado,
se han traducido en altas tasas de desempleo abierto.
La participación de las mujeres en el marcado laboral está
presente como trabajadoras familiares, sin remuneración, y como trabajadoras
por cuenta propia en el sector semiempresarial, con relaciones laborales al
margen de la Ley General del Trabajo y de los beneficios de seguridad social.
El Ministerio
de Planificación y la Federación de Entidades Empresariales Privadas de
Cochabamba en la gestión pasada firmaron un convenio que busca reducir la tasa
nacional de desempleo, que actualmente alcanza el cinco por ciento, el objetivo
interinstitucional es contratar a 150 jóvenes profesionales en cinco compañías
del departamento, como parte del Plan Nacional de Empleo, que hasta el momento
generaron más de 3 mil fuentes de trabajo en el eje troncas del país.
Las políticas nacionales están en su mayor
parte de generar empleos a técnicos y profesionales con o sin experiencia, pero
de todas estas políticas de generar empleo, pocas o ninguna de ellas están
dirigidas a mujeres con o sin ningún grado de instrucción, son mujeres
lavanderas, placadoras, limpiadoras o simplemente mano de obra que busca
generar algún ingreso diario para su familia.
El
empoderamiento de los derechos de las mujeres y sobre todo el reconocimiento
económico mejorará una vez que el Estado garantice normas que busquen la
igualdad de trabajo. La participación de espacios de poder, la igualdad de
trabajo, salarios justos y respeto a las normativas de seguridad social harán
que las mujeres logren su desarrollo al igual que los hombres.
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