miércoles, 20 de junio de 2018

ROPAVEJEROS, ENTRE LA ILEGALIDAD Y LA SOBREVIVIENCIA


ROPAVEJEROS, ENTRE LA ILEGALIDAD  Y LA SOBREVIVIENCIA

Lupe, (nombre de la caserita de la calle Brasil entre San Martín y 25 de Mayo), ella vende pantalones de varón de tela, pocas veces de mujeres, pero escoge más de varón por que indica que los hombres son menos exigentes que las mujeres, además tiene ya caseritos (clientes continuos) que la conocen y poco a poco traen a más caseritos porque los pantalones que vende son semi nuevos. “Compro fardos completos de pantalón para varones, sale de toda talla, a veces tengo suerte porque sale de diferentes talla, otras sólo grandes y esas no se vende, pero son nuevos muchos de ellos y otros a medio uso pero en buen estado, son baratos ofrezco a cincuenta bolivianos y otros las remato a cuarenta, depende de la talla y el color y los días, a principio de mes se vende más que otras fechas la gente dice que reciben su sueldo y vienen a comprar, hay días que se vende bien y otras nada, sólo es gasto en venir y regresar a mi casa, todo es depende de la suerte, más bien me va bien, ya me conocen” indica Lupe.Como ella miles de personas, sobre todo mujeres se dedican a la venta de ropa usada, pero no sólo es ropa, sino: peluches, juguetes, zapatos, zapatillas deportivas, mochilas, carteras, enseres de cocina, adornos y todo lo que uno se imagina, hasta ropa de cama y ropa interior. 

Los precios varían, según la marca y el estado de la prenda a vender, muchos de ellos semi nuevos, nuevos y otros completamente viejos o en desuso. Los precios son diferentes, desde 1 boliviano, hasta precios elevados de prendas nuevas de marca.Al igual que nuestra entrevistada Lupe y su niña de 1 año, muchas personas son ropavejeras (personas que se dedican a la venta de ropa usada), nos comenta que los sábados tiene que amanecer a las cuatro de la mañana para comprar un fardo, con suerte compra mercadería de primera o segunda, el precio varía de 500 a 700 dólares, contiene entre de 120 a 150 pantalones. El trabajo significa salir al puesto de venta todos los días a partir de las siete a once de la noche, los fines de semana desde medio día, pero aprovecha de ir a diferentes lugares donde se realizan ferias en distintas zonas de la ciudad.

Al inicio la venta de ropa usada o de retorno en nuestra ciudad, se caracterizaba en zonas establecidas como los alrededores del mercado la cancha y la plaza San Sebastián, luego el comercio fue creciendo llegando a cubrir cerca de diez manzanas por los alrededores del templo de San Carlos (Barrio Obrero), poco a poco los vendedores de la ropa usada tomaron las calles y avenidas de diferentes zonas. En la actualidad la avenida Aroma, calles 25 de Mayo, Brasil, San Martín, Calama, Jordán, etc y etc, son lugares de venta de los diferentes productos usados y en su mejor caso nuevos de retorno.La zona oeste de la ciudad, cerca del cruce Taquiña (mercado 10 de febrero), se encuentra una segunda feria de los jueves y domingo, a pesar que todos los días se abren los puestos de venta, los días de mayor concurrencia son diferentes: Sus características son que el día determinado, según la zona, se hace la apertura de fardos nuevos, por ende mayor posibilidad de escoger una prenda u otro artefacto apreciado por su calidad y estado.

En los diferentes municipios de Cochabamba, es el caso de Quillacollo, Vinto, Sacaba o Colcapirhua, los días son distintos, pero con la características idénticas. Cada metro de las calles y avenidas, aceras, pasadillos, garajes o simplemente la calzada es el apropiado para su venta. Un solo puesto (lugar de venta), es propiedad de dos hasta tres vendedoras de ropa usada. Es el caso de la Avenida San Martín en Aroma y Brasil, por las mañanas tiene su dueños cada uno de los puestos, pero sólo hasta las 19.00 hrs, luego de ese horario el mismo puesto tiene otro dueño y los fines de semana otros.En una sola avenida, tal el caso de la Aroma entre San Martín y 25 de Mayo, en ambas aceras se asientan cuatro diferentes asociaciones de vendedores de ropa usada, carteras, mochilas, zapatillas, peluches, juguetes, enseres y otras. Lo mismo ocurre en detrás del Templo San Idelfonso de Quillacollo, las organizaciones de vendedores son diferentes y muy bien organizados para el cuidado de cada centímetro de calle, dependiendo el día.

Si bien el gobierno en más de una oportunidad ofreció alternativas y oportunidades de conversión de la labor de los ropavejeros a iniciativas microeconómicas  o microempresas familiares, ninguna de ellas en la actualidad dan o dieron resultados, nunca hubo avances para el cambio de rubro prometido.La diligencia nacional del sector  se reunió en varias oportunidades con el gobierno central y negociar acuerdos, pero nunca se llegó a ninguna por la existencia del Decreto Supremo 28761que prohíbe y tipifica como ilegal la venta de ropa usada y su importación.En la actualidad se calcula cerca de 250 mil personas dedicadas a la venta de estos productos, en nuestra ciudad según Alejo Rodo, dirigente de la Asociación de Vendedoras de ropa usada 25 de Mayo, no se cuenta con un censo o cifra exacta de las personas dedicadas al rubro, pero estima más de 20 mil personas sólo en Cochabamba viven a diario de esta mercadería, señala también que la mayor parte de ellas son mujeres a cargo de sus familias. “muchas de mis compañeras son madres solteras, ellas solas mantiene a sus hijos, madres y padres a la vez vendemos aquí, no se gana mucho pero de esto vivimos y no tenemos otra opción, si se dan cuenta la mayoría de ellas venden acompañados de sus hijos, porque no pueden dejarlos sólo a los niños” señaló Rodo.

En pasados años, el Vicepresidente entregó a la Asamblea Legislativa Plurinacional el proyecto de ley de Asignación Competencial para la Comercialización de Mercancías Usadas, que el gobierno elaboró en consenso con las micro y pequeña empresa, donde da la responsabilidad a los Gobiernos Autónomos Municipales su control, vigilancia, erradicación y sanción la comercialización de ropa usada.Inmediatamente de la socialización del proyecto de ley, varios alcaldes de diferentes municipios, especialmente Cochabamba, La Paz, Santa Cruz y Oruro, se pronunciaron en contra de tal responsabilidad municipal, indicando que el gobierno central tiene las competencias establecidas para el tema de importación por medio de la ley de aduanas. Importante destacas que las personas que comercializan la ropa usada, apagan impuestos o patentes municipales y tiene la debida autorización de sus municipios.

IMPACTO ECONÓMICO

El impacto económico que tiene la importación ilegal de ropa usada sobre la actividad económica del país en general y sobre todo en el sector textil y de confecciones en particular es muy grande. El valor total de la importación legal o ilegal de ropa usada para el último quinquenio, fue afectar al vector consumo de los hogares, para que el modelo de la matriz inversa calcule el nuevo valor bruto de la producción sectorial.Un pequeño ejemplo de la crisis de la micro y pequeña empresa, se visibiliza en el cierre de muchas iniciativas económicas, especialmente del área textil, es así que podemos ver que la venta de ropa en los mercados o ferias de la ciudad, podemos apreciar una mayor cantidad de venta de ropa de procedencia China, luego esta peruana, brasilera, Indu, Taiwan, Pakistan, y por detrás de todos ellos la producción nacional.La calidad es una variable muy importante que determina la venta final, para reconocer que muchos de los productos de importación que ingresa a nuestro país (legal o ilegal) es de diferentes tipos; De primera, segunda y tercera, especialmente de países asiáticos. El costo de cada prenda, por mayor, es representativamente mucho más barato, entonces muchos de los intermediarios (personas que se dedican a la venta), prefieren ofrecer al mercado productos baratos que son accesibles a la población, que otra ropa de marca con un costo muy alto.

LA ROPA USADA Y SU INGRESO A BOLIVIA

A pesar que no hay registros de su ingreso a nuestro país, la ropa usada se inicia a mediados de los ochenta y que se identifican tres momentos importantes hasta la fecha.
El primero iniciada por instituciones de beneficencia (ONG’s, proyectos de cooperantes, fundaciones, cruz roja, embajadas y otras de carácter benéfico), instituciones que concentraban sus esfuerzos en recolectar todo tipo de prendería que había sido utilizada y se constituía en un desecho por parte de familias de estados Unidos y Europa, uno de los objetivos de esta labor era de entregarlas a familias pobres de países en desarrollo, cuyo nivel de ingreso era insuficiente como para adquirir prendas nuevas.Una mayor cantidad de la ropa, y otros enseres, era de origen americano, muchas de ellas de prendas nuevas que pasaban de temporada, fallas de fábrica, y de los hogares americanos también se recolectaban enseres de limpieza y mercadería de boutiques, todos ellos ingresaban a nuestro país como beneficencia y entrega gratuita.

Un segundo momento de la ropa usada  se inicia en los primeros años de la década de los noventa, cuando un grupo de comerciantes descubre que el traslado de los bultos (posteriormente llamados fardos) de ropa usada podría generar un ingreso económico adicional para sus familias. Desde los puertos chilenos de Iquique y Arica volúmenes de ropa usada, intermediados por comerciantes bolivianos quienes luego analizan la posibilidad de importar directamente desde los Estado Unidos, para entonces el principal proveedor de estas prendas.Ya por los años noventa, el mercado de ropa usada se empieza a consolidar en Bolivia, gracias al flujo continuo de mercadería que se interna a través de los puntos fronterizos de Pisiga y Tambo Quemado, empiezan a funcionar libremente los mercados donde circula esta mercadería en las ciudades de Oruro y El Alto, luego Cochabamba y Santa Cruz.

Poco a poco el flujo de las importaciones de fardos de ropa usada crece continuamente y se intensifica más el contrabando de la misma mercadería. Para esos años, el efecto combinado de las importaciones legales e ilegales provoca un duro golpe a la industria nacional de confecciones que es incapaz de absorber los efectos no deseados de la diferencia de precios.El tercer momento es a partir del año 2000, le flujo de importaciones legales e ilegales de ropa usada encuentra los mecanismos adecuados para su comercialización sin restricciones en las ferias más importantes del país: El mercado kantuta en Oruro, 16 de Julio en la ciudad de El Alto, la calle Figueroa en La Paz, las calles colindantes a la Cancha y la Plazuela San Sebastián en Cochabamba, la feria de Cumavi en Santa Cruz. Hasta fines del 2005, los lugares de venta en los demás ciudades fueron creciendo poco a poco, la variable muy importante es la consolidación de asociaciones y federaciones departamentales y nacionales del gremio, reconocidos y con representatividad en partidos políticos.

Gran parte de la ropa usada y otros enseres que se comercializa en estas ferias proviene de los almacenes norteamericanos conocidos como “Good Will” o buena voluntad y de los “Second Hand” segunda mano. Ambos, son grandes almacenes que reciben donaciones a nivel mundial y los comercializan por unidad a precios económicos, y el dinero que se recauda es donado a países de tercer mundo, a través de organizaciones no gubernamentales (ONG’s).Entre los países más favorecidos con estas donaciones se encuentran países centro americano como Haití, República Dominicana y entre los latinoamericanos  a Bolivia. Los “Second Hand” en cambio, son grandes almacenes que se caracterizan por vender ropa usada a 1 dólar la libra. Una buena de esa mercadería se vende en los establecimientos especializados junto a la ropa americana, aunque en menor proporción éstas son prendas de retorno de marcas muy conocidas y que los precios son diferentes a las otras.

UN COMERCIO ILEGAL

Según el Decreto 28761 del año 2006, aprueba de manera excepcional y definitiva los plazos para la importación y comercialización de mercancía clasificada como prendería usada, y establece los lineamientos de reconversión productiva.Las prohibiciones establecidas en la mencionada ley indican el Art. 3 incisos 1, 2 y 3 que; La importación a territorio nacional de mercancías clasificada como prendería usada, a partir del 21 de abril de 2007 indefectiblemente, la misma prohíbe la importación y comercialización de prendería vieja, desechos, desperdicios, ropa íntima, de cama y de tocador.Así mismo, señala la Ley en el marco de las políticas de promoción productiva del Plan Nacional de Desarrollo se priorizará el acceso al crédito y la tecnología para pequeños productores de manufacturera textil y confecciones, por medio del Ministerio de Producción y Microempresa realizará las gestiones necesarias para que el sector privado, realice acuerdos de VENDO BOLIVIANO y apoye la capacitación de los vendedores minoristas de ropa usada.En ambos casos tanto el apoyo al desarrollo, creación o fortalecimiento de los microempresarios, especialmente textiles, y la reconversión de iniciativas de negocios hacia los vendedores de ropa usada no son efectivos, o simplemente quedaron en políticas de gobierno.

VENTA PROHIBIDA, PERO LIBRE

En mayoría de las ferias establecidas, puestos de venta, tiendas o el comercio informal en cualquier calle o calzada donde se realiza la venta, también se oferta productos prohibidos por las normativas vigentes en salud, es el caso de pomadas, vitaminas, proteínas especializadas, hasta jarabes para niños. La mayor parte de estos productos son de procedencia americana, realizando una revisión minuciosa, muchos de estos productos llevan su fecha de vencimiento otras no.Las normativas en salud, para la comercialización de productos en salud requieren de autorización y registro específico, según la Ley 1737 Política Nacional del Medicamento establece la inocuidad, eficacia, y calidad demostrada, evitando la presencia de fármacos de dudosa calidad, establece también mecanismo normativos descentralizados para el control de la adquisición, suministro y dispensación de medicamentos.Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) países de América Latina, deben aumentar sus esfuerzos para mejorar la fármaco vigilancia, incluyendo la capacitación del personal regulador dedicado a esta tarea, una mayor conciencia pública y profesional sobre la importancia de su acceso y venta de productos relacionados a la salud.


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